Si me dieran a escoger entre jugarme una pichanga y sentarme a escribir, escogería la pichanga. De la misma manera en que escogería cantar (calato y en la ducha) si me dieran a escoger entre cantar y escribir. Si me pusieran una Pepsi (helada y de medio litro) al lado de un cuaderno, ni siquiera miro el cuaderno. Pero la gente que me conoce coincide en que debería detenerme a pensar un poco: jugar como juego no le hace bien al equipo, cantar como canto no le hace bien a nadie y tomar tanta Pepsi terminará por hacerme daño. Entonces, de dos alternativas, quizá debería aventurarme por la segunda. Y eso estaba pensando hacer.